Un país, dos sistemas, dos visiones encontradas

Por Diego Riddick, Secretario del CeChino

El Territorio Administrativo Especial de Hong Kong (HKSAR), enclave multicultural y centro financiero mundial, transita hace meses entre la preocupación y la ansiedad, envuelto en todo tipo de protestas. Desde el 9 de junio de 2019, cuando una movilización masiva reclamaría por primera vez para evitar enmiendas a la Ley de Extradición, Hong Kong se ha visto envuelto en una espiral ascendente de conflicto y frustración. Espiral en la cual la pujante economía del territorio ha sufrido ostensiblemente. Meses de violentas protestas y tenso clima social, sumado a los efectos del brote de COVID-19, llevaron a la administración en febrero de este año a presentar el presupuesto para el período 2020-2021 con déficit, por primera vez en 15 años[1]. Es esta continuación de manifestaciones y la dificultad de la administración de Carrie Lam para hacer frente a este escenario, lo que impulsaría finalmente a China a sancionar una Ley de Seguridad Nacional para HKSAR el pasado 30 de junio.

Si bien los hechos son de conocimiento general, resulta más intrincado observar cómo se llegó a este presente. En estas líneas se recopilarán hechos puntuales, como paso previo a una interpretación de las visiones de las partes. Entender esta situación requiere detenernos a analizar las percepciones de los involucrados.

Hong Kong

En el imaginario de una parte de la ciudadanía, el creciente acercamiento con el continente invoca el temor de amenaza a su estilo de vida, sistema que conocen desde 1997. Año tras año han sido testigos del ‘‘avance de China’’, socavando el status especial de Hong Kong. Cuestionamientos a un sistema electoral que nunca avanzó hacia el sufragio universal (mantiene una democracia restringida, con el voto emitido por un millar de delegados que representan a diferentes sectores de la vida económica de HKSAR) se suman a las crecientes demandas de una sociedad que encuentra una ciudad con un costo de vida cada vez más elevado y un mercado inmobiliario muy reducido[2]. Los partidos tradicionales no han logrado dar respuesta a estas demandas, algunos incluso siendo percibidos como funcionales a Beijing. Nos asistimos con una breve recopilación de hechos:

  • Septiembre 2012, controversia sobre Educación Nacional: La administración de Leung Chun-ying intentó introducir dicha asignatura en la currícula de clases. La comunidad educativa y padres de los estudiantes se opusieron a lo que interpretaron como un ‘‘intento de influenciar políticamente’’ a alumnos de escuelas primarias y secundarias. Las consecuentes manifestaciones obligaron a posponer el proyecto de forma indefinida.
  • Septiembre 2014, Umbrella Movement: Ante las reformas de China al sistema electoral (pre-selección de candidatos a la Jefatura Ejecutiva), agrupaciones de estudiantes comenzaron protestas en varios puntos de la ciudad. Las demostraciones catapultaron a la juventud hacia la acción política, y vieron nacer la figura de Joshua Wong.
  • Diciembre 2015, Causeway Bay Books[3]: Un total de cinco empleados de esta tienda de libros (caracterizada por vender literatura política) desaparecen, hasta que autoridades de la provincia de Guandong confirman en febrero de 2016 tenerlos bajo custodia. Liberados en los meses siguientes, el caso generó controversia en la opinión pública, tratándose del aparente accionar de fuerzas de seguridad nacionales por sobre las leyes locales.
  • Septiembre 2016, elecciones legislativas: Aún con la influencia de los acontecimientos de 2014, los comicios dieron una importante cantidad de bancas a candidatos ‘‘pro-democráticos’’, con la inclusión de un escaño para el nuevo partido Demosisto, que abocaba por la autodeterminación[4]. La nueva composición mantuvo el poder de veto para los ‘‘pro-democráticos’’ ante intentos de cambios constitucionales.
  • Julio 2017, 20° aniversario del regreso de Hong Kong a soberanía china: Acontecimiento que contó con la visita oficial de Xi Jinping, se sucedieron varias protestas al tiempo que el mandatario advertía que ‘‘no sería tolerado cualquier desafío a la autonomía nacional y a la Ley Básica[5].’’ El evento aportó un dato curioso, dado que en ese período tomó posesión del cargo la actual Jefa Ejecutiva, Carrie Lam.

China

El éxito de Hong Kong ha permitido crecer a la metrópolis tecnológica que hoy es Shenzhen, siendo algo que el gobierno central espera replicar en otras ciudades (se evidencia en la proliferación de zonas de libre comercio, como Pudong en Shanghai). Especialmente durante la última década, el país no ha cesado de elevar el nivel de vida de la población, logrando una sustancial reducción de la pobreza. El crecimiento económico, del cual han sido puntal las ciudades en la costa este, se espera poder llevarlo a otras regiones del país, alcanzando así el objetivo de una ‘‘sociedad moderadamente próspera’’. En esta idea, Hong Kong es una parte vital del proyecto Greater Bay Area. Conglomerado que uniría a las dos Regiones Administrativas Especiales con otras 7 ciudades de Guandong, en un desarrollo integral de una zona que produce aproximadamente el 12% del PBI nacional.

En ese sentido, proyectos de infraestructura como el puente Hong Kong – Zhuhai – Macau[6] o la estación de trenes de alta velocidad en Kowloon West, son clave en asistir a una interconexión cada vez más fluida. Interconexión que, no obstante, es percibida con creciente ansiedad por la población local, fruto de los hechos citados anteriormente.

Las demostraciones en las calles y los crecientes niveles de violencia a lo largo del 2019 han causado una profunda impresión en Beijing, al punto de ubicar sus energías en sancionar esta Ley de Seguridad Nacional. La prioridad es recuperar el orden y enfocarse en el crecimiento y el desarrollo. Los cuestionamientos al estado actual de la democracia no pueden plantearse en escenarios de confrontación. Esto quedó en evidencia en septiembre de 2019, momento en que Carrie Lam retiró definitivamente el proyecto de enmienda a la Ley de Extradición de HKSAR. Lejos de apaciguarse, los manifestantes avanzaron con una lista de demandas, considerando el retiro formal del proyecto, como ‘‘muy poco y muy tarde’’[7]. El gobierno nacional percibió la dificultad del escenario y la precaria situación del gobierno local.

Se debía actuar, y la Ley de Seguridad Nacional proveería el marco legal para dicha acción, aún con las críticas respecto que la misma violentaría la Ley Básica. Es menester señalar que, de acuerdo al Artículo 23 de la misma, es el HKSAR quien debe legislar sobre una Ley de Seguridad Nacional[8]. En este punto cabe recordar que esta ley ya intentó sancionarse con anterioridad (año 2003) y debió darse marcha atrás a causa de masivas protestas. En 2020 el escollo sería sorteado a través del Artículo 18 de la Ley Básica, el cual especifica que leyes nacionales podrán aplicarse a la Región Administrativa Especial en caso de añadirse al Anexo III de esta ley. Resultado de la imposibilidad de la Jefatura Gubernamental de obtener este instrumento legal sancionado por el legislativo local y, sumado a una escalada de violencia y protestas durante un año, asistimos a un gobierno central obligado a tomar cartas en el asunto.

El factor externo

Las intervenciones de Washington en el marco de los cortocircuitos a causa de la guerra comercial con Beijing encuentran en el enclave un terreno fértil para los cruces verbales. La administración de Trump ha señalado reiteradas veces su preocupación respecto de los ‘‘avances sobre las libertades de los hongkoneses’’, en una estrategia comunicativa enfocada en el señalamiento. En este sentido, es ilustradora la firma del Human Rights and Democracy Act[9]. Mediante la misma, el Departamento de Estado norteamericano monitoreará anualmente el estado del Territorio Administrativo Especial. De no mantener ‘‘suficiente grado de autonomía’’, EEUU podría rescindir el trato económico especial a Hong Kong. Eventualidad que efectivamente cumplió el 14 de julio pasado, con la firma de la Executive Order on Hong Kong Normalization[10]. Washington fue incluso más allá,  cuando el 19 de agosto revocó[11] tres convenios de cooperación (exenciones de tarifas, entrega de fugitivos y de criminales condenados) con HKSAR tras la sanción de la Ley de Seguridad Nacional. A los ojos de la Casa Blanca, Hong Kong y China son ahora lo mismo. Envía un fuerte mensaje, mientras golpea directamente al enclave: la caída del status especial suspende un régimen de tarifas distinto al del continente, intercambio de tecnología y hasta hace al Territorio pasible de las mismas sanciones que EEUU le aplica a toda China.

Las intervenciones de países foráneos en la controversia, lejos de favorecer la causa de los hongkoneses, simplemente han puesto en vilo a las autoridades nacionales chinas. La retórica oficial, lejos de entenderse con los problemas de la población y sus demandas, se centra en el peligro de la ‘‘intervención extranjera’’[12].

Conclusiones

Percepciones diferentes sobre hechos similares que se refuerzan conforme el conflicto se complejiza: un gobierno nacional enfocado en el cumplimiento de metas de desarrollo y crecimiento, consciente de la necesidad de reformas, pero poco permeable a demandas directas y en público por parte de una ciudadanía en un territorio con una cultura política diversa, producto de un siglo de vinculación a Occidente (aún en calidad de colonia); un movimiento político que toma nota de la amenaza a su modo de vida, e intenta agrupar a una sociedad con demandas que no tienen respuesta por parte de la dirigencia local ni nacional, a la cual la idea de vinculación con el continente no trae perspectivas de crecimiento ni prosperidad, sino una pérdida de derechos; y ocasionalmente un país extranjero que encuentra en el particular clivaje en HKSAR la cuña para confrontar el discurso de su adversario. Sirviéndose de Hong Kong, tanto como de Taiwán y de Xinjiang (otra región a la cual el Congreso de EEUU dedicó un Human Rights Policy Act[13] en términos de extraterritorialidad), Washignton sindica a Beijing como detentador de un poder autoritario, capaz de aplastar sin miramientos cualquier resistencia. Todo esto destinado a poner en entredicho el encumbramiento internacional de China y sus postulados: las ideas de Ascenso Pacífico y Comunidad de Destino Compartido. En medio de esta confrontación de visiones, y con sus propias voces, más de 7 millones de personas distribuidas en poco más de 1.100 km².


[1]https://www.reuters.com/article/us-hongkong-economy-budget-highlights/hong-kong-budget-for-fiscal-2020-21-idUSKCN20K0FY

[2]https://www.aljazeera.com/ajimpact/lack-affordable-housing-feeds-hong-kong-discontent-190801151538867.html

[3]https://elpais.com/internacional/2016/01/02/actualidad/1451743372_347043.html

[4]https://www.bbc.com/news/world-asia-china-37273238

[5]https://elpais.com/internacional/2017/07/01/actualidad/1498885278_746313.html

[6]http://www.chinadaily.com.cn/a/201810/24/WS5bcf6adda310eff3032841b8.html

[7] https://www.washingtonpost.com/world/hong-kong-leader-expected-to-fully-withdraw-extradition-bill-a-demand-of-protesters/2019/09/04/b3ca1dec-cee0-11e9-87fa-8501a456c003_story.html

[8] https://www.basiclaw.gov.hk/pda/en/basiclawtext/chapter_2.html

[9]https://www.congress.gov/bill/116th-congress/senate-bill/1838/text

[10]https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/presidents-executive-order-hong-kong-normalization/

[11]https://uk.reuters.com/article/uk-hongkong-security-usa/u-s-officially-notifies-hong-kong-it-has-ended-three-agreements-state-department-idUKKCN25F26D

[12] http://www.xinhuanet.com/english/2019-12/03/c_138602848.htm

[13]https://www.congress.gov/bill/116th-congress/senate-bill/3744


Fuentes

·    Ley Básica de la Región Administrativa Especial de Hong Kong. Disponible en: https://www.legco.gov.hk/general/english/procedur/companion/chapter_15/mcp-part3-ch15-n1-e.pdf

·    ”Hong Kong como puerta de acceso a los beneficios de la Belt y Road Initiative”, artículo del libro ”China: una nueva estrategia geopolítica global”. Disponible en: https://libros.unlp.edu.ar/index.php/unlp/catalog/view/1417/1399/4567-1

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